La pista del Autódromo, escenario del Flow Fest cada año, se vio con la misma postal: telas mínimas que cubrían los cuerpos esculpidos y brillos metálicos que parecían competir con el sol. Las morras caminaban seguras con sus sombras plateadas y labios delineados al estilo noventero; ellos, con lentes oscuros y jerseys colgando. Todo se movía al …










